Vladimir Vysotsky en Costa Rica

Olga Markélova.

Nunca he estado en los conciertos de Vladimir Vysotsky. Escuché sus canciones por primera vez en un acetato sencillo, ¿recuerdan que existían esos? Tenía canciones “Ella estaba en París”, “Caballos caprichosos”, “Moscú-Odessa”. También hubo una cuarta canción, pero no recuerdo, desafortunadamente, cuál fue.

Su voz ronca era muy característica. Tenía palabras simples, sin extravagancias ni adornos. El poder de los sentimientos parecía estar en el límite. Su humor encantador, siempre con doble o incluso triple sentido. Esto no fue el clásico que ha vivido hace mucho tiempo, sino que fue nuestro contemporáneo. Se habló mucho sobre él. La gente cantaba sus canciones. Lo imitaban y admiraban. Lo odiaban y envidiaban.

Estoy segura de que él no pudo dejar de haber nacido. Fue un maximalista. Si se sentaba detrás del volante, disfrutaba de la velocidad, si se enamoraba, era con Marina Vlady. “No me gusta cuando algo es a medias…” ¿lo recuerda? En sus poemas y canciones, veo la autoexpresión ilimitada. Y sí, se fue demasiado pronto.

“Tengo algo que cantar cuando estoy ante el Altísimo, tengo algo con que justificarme ante él”, escribió el 11 de junio de 1980.

Este año, Vladimir Vysotsky hubiera cumplido 80. El Teatro Ruso “Balagan Art”, con el apoyo del Centro Médico “Nazareth”, invitó a todos los compatriotas y costarricenses amantes de la obra del Actor y Poeta a la Velada Conmemorativa.

200 fotos en la pantalla, 200 momentos de vida de Vladimir Vysotsky, recopilados preliminarmente por Marta Rein, acompañaron la actuación de cada participante.

Sergei Krutko leyó su poema, uno de los mejores, en mi opinión, dedicado a Vladimir Semenovich, en un suspiro, sin una sola nota en falso, ni un ápice:

“… Y entonces estoy en movimiento.

Bien un gitano, o bien un cosaco,

Y grito con voz ronca, como Semenovich:

‘Nada está bien, nada está bien …’”.

Al encontrar el ritmo de danza en las canciones de Vladimir Semenovich, Susanna González y su pareja nos ofrecieron tango y milonga.

Martha Rein, nuestra querida Musa, y Alexander Gusachenko, hablaron sobre interesantes hechos biográficos poco conocidos de la vida del actor y poeta. Y la canción que el autor dedicó a Marina Vladi, en interpretación de Marta, se las recomiendo escuchar:

“Bien meterme en la cabaña y cantar

Simplemente así, por el frío,

O morirme de repente

De la tuberculosis … “.

Su manera de “leer” las canciones de Vysotsky nos regalaron, al público, Alexander Lótarev, Dmitry Ordansky, Miguel González, Alexander Gusachenko, Elina Chulkstena, Elena Polster y Vladimir Averin. E Irina Borovik recitó sus poemas preferidas de Vysotsky: “No me gusta” y “Diálogo frente televisor”.

La velada resultó ser animada, impresionante y memorable.

Galería de fotos:

Вечер Высоцкого

Vea los videos aquí pronto.