PERSONAJE DEL MES. Carlos Manuel Vega: agrónomo, banquero, líder sindicalista

Elena Polster.

“Cuando estaba sin empleo, mi familia me apoyó”. Carlos Vega es un egresado de la Universidad de Amistad de los Pueblos que en los años 90 trasladó a Costa Rica a toda la familia de su esposa Dilbar de Tayikistán. Después de diez años de exitoso trabajo en el Banco Popular y bajo el pretexto de la “reestructuración”, fue despedido por ser un líder sindical y luchar por los derechos de sus compañeros. Carlos no se dio por vencido, demandó al banco y siete años después fue reestablecido en el trabajo! “¡Fue el primer caso en Costa Rica!”, dice.

Carlos Manuel Vega es uno de nuestros viejos amigos. Él y su esposa Dilbar gozan de respeto y amor de toda la diáspora de habla rusa, por su amabilidad, sensibilidad y justicia. “Más que nada, valoro sinceridad y franqueza en personas”, dice Carlos. Respondió igual de sincero a nuestras preguntas cuando lo visitamos en la ciudad de Grecia.

– Carlos, cuéntenos de dónde viene usted, sobre su familia y la educación que ha recibido.

– Yo nací y crecí en la ciudad de Grecia, donde he vivido toda mi vida. Mi familia es bien conocida aquí, ya que mi padre era artesano zapatero y mi madre limpiaba en casas de gente rica. Aunque vivíamos muy modestamente, todos fuimos respetados por el amor al trabajo, la honestidad y honradez, lo que significa mucho en el entorno costarricense. En la familia de seis hermanos, soy el mayor. Nuestro padre nos cosía zapatos a todos, eran tan fuertes que los usábamos durante cinco años. Y nos hacía juguetes de madera para la Navidad. Cuando yo tenía 15 años, sucedió una desgracia irreparable: mi padre murió en un accidente de tránsito. Antes de eso, yo había estudiado con éxito en la Escuela Simón Bolívar y luego en el Liceo León Cortés. Pero luego tuve que buscar trabajo e ir al colegio nocturno. Vendía empanadas que horneaba mi abuela, trabajaba en el mercado, lavaba papas, empacaba alimentos de los compradores ​​en sacos de yute y los llevaba en un carretillo a sus casas, descargaba camiones con bolsas de azúcar, harina, verduras, frutas, etc. y más tarde entré a trabajar de salonero en un restaurante. Mi tío trató de reemplazar a nuestro padre, pero la vida era muy difícil. Una vez, en la época de Navidad, nos confesó que no nos podría dar a todos buenos regalos. Entonces le dije: no te preocupes, ahorré un poco de dinero y puedo comprarme ropa nueva. Así que fui muy independiente y responsable desde muy joven.

– ¿Dónde más estudiaba usted antes de ir a Moscú?

– Me gradué del colegio y entré a la Universidad de Costa Rica. Viajaba a San José para asistir a clases. Después del trabajo, me las arreglaba para quitarme el polvo rápidamente y corría al autobús. Hice durante un año los estudios generales. Allí por primera vez sentí la influencia del grupo, estaba empapado de las ideas rebeldes de aquellos años, participé en la huelga de ALCOA (movimiento contra la extracción de bauxita). Un día Víctor Jara estuvo en nuestra universidad, ¡tengo un disco con su autógrafo! Luego me trasladé a la Universidad Nacional, porque Heredia no estaba tan lejos. Allí elegí la Facultad de Ciencias de la Tierra y el Mar, pero no podía estudiar todos los días, ya que tenía que trabajar y me inscribí solo en tres materias, por lo que mis estudios casi no progresaban. Estudié allí durante cuatro años y obtuve solo un diploma de técnico en horticultura. Vi claramente que, a ese ritmo, nunca vería en mis manos un título universitario.

– ¿Y cómo se las arregló para ir a la URSS?

– Intenté tramitar una beca para estudiar en el extranjero, pero en Grecia por lo general se las daban solo a los hijos, sobrinos, familiares o amigos de los diputados u otros miembros del gobierno o del otro partido. Además, no quería pedirle un favor a nadie, porque a menudo tienes que pagar por eso y esto es bastante desagradable. Entonces, un día, por casualidad, me encontré en la calle con Antonio Soto, entonces secretario de Vanguardia Popular (el partido comunista de Costa Rica) en la ciudad, quien me preguntó si yo iría a estudiar en la Unión Soviética. Consulté con mi tío y él me dio su aprobación. Entendía que yo necesitaba lograr algo más en mi vida. Nuestra familia tradicionalmente votaba por el partido de Liberación Nacional y nunca participó en el movimiento progresista, más aun, mi padre durante la guerra civil de 1948 luchó contra los comunistas. Fui muy sincero y así lo escribí en la carta de solicitud para una beca de estudios. Y a pesar de esto, Don Antonio aceptó mis documentos y los envió a San José. En esos años, se decidió promover a jóvenes para los estudios no solo por su base política, porque había muchos casos en que los muchachos no concluían sus estudios en la URSS: o se emborrachaban demasiado o regresaban temprano por la nostalgia. Por lo tanto, comenzaron a prestar más atención a aquellas personas que expresaban un gran deseo de aprender y tenían excelentes calificaciones, aunque no militasen en el partido. Por supuesto, tenía dudas: después de todo, yo iba a ir a un país donde, según nos decían, comían chiquitos y mataban a sacerdotes. Sabía que mi familia no podía enviarme un cinco de dinero y que nunca volvería a casa para las vacaciones durante esos seis años, porque era muy caro. Pero no podía sucumbir a estos malos ánimos y tenía que mostrar valentía. También hubo un ejemplo muy positivo: el Dr. Alejandro Arias Barrantes, a quien conocía desde la escuela, terminó brillantemente sus estudios en la URSS poco antes de eso. “Carlos, quiero explicarte – me dijo – sobre la gran cantidad de dinero y esfuerzo que dedica el pueblo soviético para educar a los estudiantes extranjeros, así que, por favor, se serio, no sigas el mal ejemplo de otros vagos y borrachos, vete y aprende bien. Conozco a tu familia, tu gente no es rica al igual que mis familiares. Nosotros, egresados de universidades soviéticas, podemos mejorar nuestra situación financiera y ayudar a la familia, pero también estamos llamados a contribuir al desarrollo del país “.

En febrero de 1977, Don Antonio vino a nuestra casa y dijo que me otorgaron la beca para estudiar. Luego fui al Centro Cultural Costarricense Soviético, donde me inscribí en clases de ruso. Empecé a ahorrar dinero, comprar ropa caliente, que luego usé durante varios años. Y en septiembre del mismo año tomé el avión hacia Moscú con un gran grupo de compañeros. Me mandaron a la Universidad de Amistad de los Pueblos, el que en aquellos años se llamaba “Patricio Lumumba”.

– ¿Cuál fue el recuerdo más grande de los años de estudiante que se quedó en la memoria?

– Lo más interesante fue convivir junto a personas de diferentes nacionalidades: rusos, árabes, indios, etc. y el familiarizarse con diferentes culturas y tradiciones. Un día, un estudiante de Etiopía cocinó comida y nos invitó a todos, pero no a la mesa, sino que sentarse en el piso alrededor de un tazón grande y comer con las manos. Así que aprendimos a entender la diversidad de culturas en la tierra, respetar los diferentes hábitos, desarrollar la tolerancia y aprender de todo lo bueno que tienen los demás. En la universidad a menudo se celebraban mítines políticos en apoyo de los países que luchaban por su independencia. Hubo muchos eventos culturales estudiantiles, conciertos de música nacional y bailes. Esto también nos ayudó a entender mejor a las personas de otros países y culturas.

También quiero enfatizar, para refutar algunas opiniones banales, que nunca nos enseñaron ateísmo, no se habló de Dios, todas las creencias de los estudiantes fueron muy respetadas. Lo mismo puede decirse sobre el comunismo: teníamos una materia del comunismo científico, que uno tenía que dominar y aprobar el examen. Además de eso, no nos enseñaban ciencias sociales, solo materias en nuestra especialidad.

– Cuéntanos cómo conoció a Dilbar.

– Una noche mis amigos iban a una fiesta en el Instituto Pedagógico Lenin y yo quise ir con ellos. Allá había muchas chicas. Pero como yo era muy tímido y tenía miedo para hablar, mis amigos en broma anunciaron que yo era un cantante muy conocido en Costa Rica. Yo no entendía lo que decían y estaba muy sorprendido ¿por qué, de repente, todas las chicas querían bailar conmigo? Y luego, cuando resultó que fue un engaño, me molesté con ellos, pero no mucho. Después de todo, pude conocer a Dilbar. Ella era muy tímida, acaba de llegar de Tayikistán, andaba con largas trenzas y se comportaba muy modestamente. Al principio pensé que era de Perú, a juzgar por su apariencia. Resultó que venía totalmente del otro lado. Nos conocimos y anduvimos como amigos durante dos años, hasta que ella me permitió besarle. Luego fuimos a su ciudad natal de Penjikent, donde conocí a sus padres. Mi amigo y yo fuimos allí en tren, sin permiso, usando el hecho de que, por mis facciones, yo parecía árabe o caucásico, y él – a un uzbeko, e incluso me hice crecer la barba para ello y aprendí a decir “alleikum salam”. La abuela de Dilbar por nuestro comportamiento adivinó cuál de los dos amigos era el prometido de su nieta. Su padre era muy estricto, como un verdadero musulmán, pero su madre lo persuadió poco a poco. Luego me aceptaron en la familia y me llegaron a querer. Para nuestra boda, toda la familia llegó a Moscú, y el padre incluso invitó a sus mejores amigos. Toda la residencia de estudiantes nos ayudó a organizar un gran banquete.

– Y cuando volvieron, ¿usted pudo encontrar trabajo?

– Vine en 1984, al principio solo, porque Dilbar y nuestra hija se quedaron para completar su educación, y luego ellos vivieron algún tiempo más con sus padres. Me gradué de la universidad de ingeniero agrónomo con maestría en ciencias agrícolas. Pero no había empleo, a nuestros diplomas soviéticos del martillo y la hoz los veían con horror, la propaganda antisoviética en Costa Rica, en esos años, en medio de la Guerra Fría y la guerra civil en Nicaragua, era muy fuerte. Dejar la esfera de la influencia estadounidense e ir a un país socialista era un verdadero crimen. Toqué todas las puertas, pero en ninguna parte pude conseguir un trabajo. Cuando llegó Dilbar, ella comenzó a trabajar antes que yo. Los terapeutas del lenguaje eran muy necesarios ya que en Costa Rica no se preparaban maestros en esta especialidad, por lo que fue invitada a trabajar en una escuela primaria en la ciudad de Naranjo, aunque todavía ni siquiera sabía español. ¡Yo iba con ella al trabajo y traducía sus lecciones! Y pronto también tuve la suerte de que me llamaron del Banco Popular. Es verdad, que en la entrevista me ‘chuparon toda la sangre’, me interrogaron durante casi dos horas. Les molestaba mucho que hubiese estudiado en la Universidad Patricio Lumumba, ya que se le consideraba que “¡entrenaban terroristas”! Por último, tomé la iniciativa en mis manos y dije: Don Johnny, dame una oportunidad y le voy a demostrar que puedo manejar bien el trabajo. “Está bien, venga mañana”. Entonces comencé a trabajar en el Banco Popular, en el que trabajé hasta mi pensión. Mi función era el análisis de proyectos en el campo de agricultura y ganadería. Me pensioné en abril del 2015.

– Qué problemas tuvo usted en este trabajo?

– Sí, durante muchos años de trabajo en el banco, tuve una situación difícil. Allí me involucré en el trabajo sindical. Desde que estudiaba en la Universidad de Costa Rica, siempre he tratado de participar en la vida social. Me hice tan amigo de mis compañeros de trabajo, que tomaba en serio sus problemas, como si fueran míos. No podía ver con indiferencia las injusticias y la explotación de personas cuando estaban mal pagadas o no se les permitía tomar vacaciones obligatorias por ley. Hubo muchas violaciones que identificamos en el sindicato y pusimos a los patrones en alerta. Mi actividad fastidiaba mucho al banco. Y en 1997, después de diez años de trabajo exitoso, me despidieron, explicando esto mediante la “reestructuración de personal”. Pero era mentira, no hubo reestructuración en ese momento, porque otra persona fue inmediatamente colocada en mi lugar. Era obvio. Pero me tomó siete años de lucha legal para lograr justicia. Por dicha muchos amigos y familiares me apoyaran, también tenía un buen abogado de pensamiento progresista y, al mismo tiempo, pariente por la línea de mi madre, quien se comprometió a ayudarme casi de forma gratuita. “El despido se hizo ilegalmente, vemos discriminación por causa política”, decía el veredicto de la corte. Esta sentencia judicial fue única en la historia de Costa Rica. Y en 2004, el banco tuvo que devolverme todos los derechos y aceptarme de vuelta al trabajo. Y aquí estaba de nuevo en la entrevista con una nueva jefa que me dijo: “Pero en nuestro banco, los que operan principalmente son economistas, y usted tiene un título de agronomía …” Una vez más, dije la misma frase: “Dame una oportunidad y verá que puedo hacer un buen trabajo”. Aunque esta vez tenía ya diez años de experiencia a mis espaldas por lo que me sentí mucho más seguro. Empecé a trabajar con nuevas fuerzas durante otros 11 años y hace dos, cuando decidí retirarme, me hicieron unas despedidas que no esperaba pues alquilaron una sala en el hotel capitalino, invitaron a los mariachis … Fue muy conmovedor.

– ¿Cómo sobrevivió su familia durante esos siete años, cuando usted no tenía trabajo?

– Fue un período difícil. Traté de colocarme en otro lugar, pero nadie quería contratar a un líder sindical, despedido por actividades “subversivas”. Estos acontecimientos, creo, también tuvieron un fuerte impacto en mis hijas; estaban en la edad de adolescencia, es cuando se forma la personalidad humana, y sintieron la situación cuando el padre luchaba por los derechos de otras personas, y por eso fue castigado y expulsado del trabajo. Han visto, en un ejemplo gráfico, cómo luchar por la justicia y nunca darse por vencido. Por supuesto, no estábamos aguantando hambre, ya teníamos nuestra propia casa, y Dilbar recibía un buen salario como maestra en una escuela pública. Pero vivimos escasos, porque en ese momento la familia aumentó mucho, ya que todos los parientes de Dilbar de Tayikistán se vinieron con nosotros dos años antes. Esta es otra historia.

– Sí, es una historia muy conocida, ¡pero cuéntela, por favor, otra vez!

– En los tristemente notorios años noventa, cuando todas las repúblicas de la unión se convirtieron en estados independientes, estallaron los disturbios en Tayikistán, los nacionalistas se burlaban de los rusos todo lo que podían, les discriminaban e incluso los mataban con impunidad. Y Dilbar, como saben, tiene una familia mixta, su padre es tayiko y su madre es rusa. Perdieron sus trabajos, los miembros mayores de la familia no recibían pensión, todos vivían en una terrible miseria. Entonces Dilbar me pidió que trajera a sus familiares a Costa Rica. ¡No fue fácil! ¡Eran once de ellos! Sus padres, la abuela, un hermano con su familia de cuatro personas y una hermana también con su familia. Para comprar los boletos de avión de todos ellos, tomé un préstamo del banco. Pero nuestros salarios eran bajos, e incluso esta casa la habíamos construido con una hipoteca, por lo que el banco nos dio solo un millón de colones; este dinero solo alcanzó para boletos desde Moscú a Cuba. Y no sabíamos dónde conseguir más para el resto del camino. Y en esos días, por buena suerte, asistí al funeral del líder comunista Manuel Mora y vi allá al recién elegido presidente José María Figueres. Compartí mi problema con él, como un ser humano, y Figueres fue generoso (es que era copropietario de la empresa de aviación de esa época, “LACSA”), ¡y nos regaló 11 boletos aéreos desde Cuba a Costa Rica! Entonces toda la familia (¡todo el equipo de fútbol!) – vino a vivir con nosotros, al principio todos nos acurrucamos juntos en la misma casa. Poco a poco se acomodaron: su hermana, profesora de lengua francesa, fue a trabajar en el colegio. Pero cuando me quedé sin salario, ¡pueden imaginarse cómo estábamos, siendo familia tan grande! Honestamente, estaba aterrorizado. Pero nada terrible sucedió, mi esposa y toda la familia me apoyaron, todos ganaban lo que podían y nos mantuvimos ‘a flote’. Estoy muy agradecido con ellos por esto. Después de todo, no todas las mujeres entenderían y apoyarían a su esposo en tiempos difíciles.

– En los últimos años, usted vive cómodamente. ¿Qué hace en su tiempo libre?

– Continúo llevando una vida saturada de trabajo social, ahora fui elegido presidente del sindicato de trabajadores del Banco Popular en la ciudad de Grecia. Además, junto con Dilbar participo en las actividades de guías y scouts ya que soy el presidente de la organización de la ciudad y a menudo vamos de excursión y caminatas, limpiamos el lecho del río y también recogemos dinero para ayudar a las personas que han sufrido desastres naturales. Soy miembro de la junta directiva del Comité del Acueducto, donde estamos luchando por la construcción de un nuevo suministro de agua potable para 900 viviendas y vigilamos su calidad. También soy miembro de la junta de la Asociación para el Desarrollo Comunal donde estamos tratando de mejorar las condiciones de vida de los habitantes de nuestra ciudad. Gracias a este trabajo social, pude asistir a diferentes congresos, más recientemente en México, donde se reunieron todos los líderes comunales de América Latina. Además, Dilbar y yo viajamos mucho, visitábamos alrededor de 40 países de todo el mundo.

 

– ¿Qué tipo de comida prefieren ustedes, rusa o tica?

– En Moscú, al principio me fue difícil acostumbrarme a la comida rusa: la ‘kasha’ de trigo sarraceno, la vinagreta de remolacha. Recuerdo que mis amigos me llevaban al Parque de la Cultura, bebíamos cerveza con ‘vobla’ (pescado salado y seco). ¡Me sorprendió mucho por qué debería uno golpear este pescado contra la mesa! Pero después me acostumbré tanto a comer sopa ‘borsch’ y ‘pelmenis’ que ahora hace falta esta comida. En casa a menudo cocinamos platos rusos, compramos trigo sarraceno en San José.

– ¿Y qué les enseña a sus hijas? ¿Hablan ruso?

– Nuestras chicas ya son adultas, una es psicóloga, la otra es fotógrafa profesional. Desde niñas las hemos enseñado a ser sinceras, abiertas, amables y comprensivas. Ambas hablan bien el ruso, al igual que nuestro nieto, que tiene 14 años, lo habla y lo lee. Debido a que la madre de Dilbar vive con nosotros y casi no habla español, todos en la casa pueden practicar ruso lo suficiente.

– Carlos, usted es una persona socialmente activa, ¿no quiere participar en el trabajo de nuestra asociación Centro Cultural Costarricense Ruso?

– Sí, esta es una propuesta interesante, lo pensaré. Es necesario ver el horario porque tengo muy poco tiempo libre.

– Muchas gracias por la entrevista interesante, esperamos que nuestros lectores también estén muy contentos de conocer a una persona tan notable como Carlos Manuel y su hermosa familia.