PERSONAJE DEL MES: Marina Alexéyeva y la familia, gente nueva en Costa Rica

Elena Polster. 

Marina Alexeyeva y su familia vinieron a Costa Rica hace dos años y medio. Se acomodaron bastante bien, alquilaron una casa y están tramitando el permiso de residencia. Su esposo ejerce su profesión, los hijos estudian con éxito y Marina hace bellas fotos y canta. “Después de las locas carreras de San Petersburgo, vivimos aquí con calma y libertad, sin mencionar el hermoso clima, y planeamos vivir muchos años más”.

Recientemente la conocimos en uno de los eventos en Café Anka, donde hizo maravillosos retratos fotográficos de todos los presentes. ¡Y luego también descubrimos que, además, canta maravillosamente! Por lo tanto, había un deseo de conocer a esta interesante mujer más de cerca. Vive en Santa Ana, donde muchas familias jóvenes de ascendencia rusa se han establecido en los últimos años.

– Marina, ustedes están rodeados de amigos rusos, probablemente no se aburren.

– Sí, es cierto, nos visitamos todos los días y ahora estamos preparando eventos culturales juntos. Solíamos vivir en Ciudad Colón, un poco lejos. Y ahora estamos en el centro. Desde aquí, es muy cerca ir a San José y otras áreas metropolitanas. Es cierto que el clima es bastante caluroso, pero nos gusta.

– Así que están aquí desde hace poco. Pero cuéntame, por favor, todo en orden. ¿De dónde viene usted, cómo fue su infancia y juventud?

– Nací en la ciudad de Velikie Luki, en región de Pskov, al oeste de Rusia, patria de mi madre. Mis padres se conocieron allí. Luego nos mudamos a la ciudad de Vyborg, tierra natal de nuestro padre, cerca de San Petersburgo, en la costa del Golfo de Finlandia, casi en la frontera con ese país. Desde la edad de seis años he vivido allí y estudié en la escuela local para luego irme a la universidad en San Petersburgo. Me considero “petersburgueña, porque he vivido la mayor parte de mi vida en esta ciudad.

Siempre me gustó cantar y soñé con convertirme en actriz. En la escuela siempre me presentaba en conciertos, dirigía diversos eventos culturales, practicaba bailes en el club, me gradué de la escuela de música en la clase de piano. Mis padres son personas corrientes, ambos trabajaban en ese momento en la fábrica y pensaban que mi pasión por el teatro no era seria por lo que me enviaron a la Facultad de Ciencias Sociales del Instituto Pedagógico ‘Herzen’, donde hice y pasé los exámenes de admisión para luego sacar los documentos y en el último momento poder presentarlos a la Facultad del ‘Director del Teatro Popular´ del Colegio Regional de Cultura y Arte de Leningrado. Durante una semana me preparé, les pedí a mis amigos que me acompañasen en instrumentos musicales; ¡vinimos, canté, bailé y entré! Me gradué del Instituto, pero tuve que seguir adelante.

Fui a Moscú para ingresar al Instituto de teatro, GITIS, pero de alguna manera no funcionó, porque aparentemente, no había suficiente apoyo… Y sucedió que en lugar del GITIS, me casé y nació nuestro hijo Dimitry.

Pero aun así, no dejé la idea del teatro. En esos tiempos, leía mucho y escribía poesía. Cuando Dimitry cumplió un año, ingresé en la Academia Teatral de San Petersburgo, en la especialidad de estudios teatrales. Simultáneamente con los estudios, criaba a mi hijo, y en ese momento mi esposo estudiaba y trabajaba en Vyborg. Hubo tiempos difíciles. Vivir a distancia era insoportable, y en el segundo año me mudé a vivir con mi esposo en Vyborg donde conseguí un trabajo en el Teatro de Drama y Títeres, como jefe de la parte literaria. Trabajé durante tres años y después me incapacité por el embarazo de Pelagueya, mi hija menor.  Era el 2009 y comenzó la crisis; mi esposo tenía problemas con el empleo por lo que nuevamente nos mudamos a San Petersburgo. Me incorporé de nuevo a la Academia. Aunque sentí que esta especialidad, en general, no era exactamente mi favorita, gracias a Dios, terminé mis estudios. Recibí el título con Pelagueya en brazos.

– ¿Y en qué trabajó en Rusia?

– Tuve mucha suerte con mi esposo, él ganaba bien, así que no necesitaba buscar trabajo, me dedicaba a mi familia y a los hijos. Mi esposo ha estado reparando automóviles por muchos años, él es ingeniero, ama su profesión y tan pronto como tuvimos nuestro propio vehículo, comenzamos a salir de la ciudad aprovechando cualquier tiempo libre, por lo que viajamos mucho. Íbamos por toda la región de Leningrado, la totalidad de Karelia, las regiones de Pskov y Nóvgorod, visitamos dos veces el Ártico, el mar de Barents, y estuvimos en Baikal. Durante los viajes quise tomar fotos y mi esposo me regaló una cámara muy buena. Entonces, en la práctica, aprendí algunas de las sabidurías de este arte y, espero, no estar tan mal. Ahora este es mi ‘hobby´ favorito, sin contar el vocal.

También salíamos fuera del país: visitamos República Dominicana, México, donde paseamos por todo Yucatán y luego fuimos a Jamaica. Nos gustó mucho el idioma español. Y después de este viaje, realmente no queríamos regresar a San Petersburgo.

– ¿Por qué decidieron salir de su país? ¿Y exactamente para Costa Rica?

– La vida en San Petersburgo era francamente bulliciosa. Mi esposo trabajaba mucho, a menudo sin días libres, incluso durante varios años sin vacaciones. Matriculamos a nuestro hijo en una escuela de música y en un estudio de pintura y teníamos que llevarlo a un extremo de la ciudad y luego al otro. Mi hija, por el contrario, comenzó a jugar tenis y practicar natación. Sucedía que las tareas con mi hijo tenían que hacerse tarde en la noche, no dormíamos lo suficiente, era una locura. En Rusia, desafortunadamente, la vida es inestable, la gente vive como sobre un barril de pólvora. Hay muchos desempleados y otros, por el contrario, tienen tres empleos, tratando de pagar la hipoteca. Debido a que no habíamos comprado nuestra propia vivienda allí fue más fácil para nosotros vender y repartir todos los bienes adquiridos y salir del lugar.

Y el por qué vinimos a Costa Rica, probablemente, se debe a que yo fui la iniciadora. Desde los tiempos de nuestros viajes a América Latina, nos encantó la atmósfera de libertad y facilidad. Siempre me atrajo este lado del mundo, como un símbolo de paraíso y felicidad. La naturaleza es hermosa, y quería tomar fotos. Primero planeamos venir aquí solo de vacaciones, en camino a los Estados Unidos, pero cuando comenzaron los problemas con el trabajo, nos dimos cuenta de que esto ya sería una mudanza en serio. Me senté a navegar en Internet y comencé a buscar foros y rápidamente encontré a los rusos en Costa Rica. Fue una suerte que no necesitábamos una visa para ingresar aquí. Antes de poder presentar documentos para la residencia permanente, cada tres meses teníamos que irnos a Nicaragua o Panamá. Utilizamos estos viajes para conocer mejor el país. Pero ahora, gracias a Dios, ya eso está en el pasado, y pronto nos darán las cédulas de residencia. El negocio de mi esposo está formalizado, y gracias a esto presentamos los documentos a la Migración. Algunos rusos aquí se quejan de que no hay una hermosa arquitectura, ni castillos, ni palacios. Pero para mí, personalmente, en San Petersburgo había suficientes palacios y museos. Y aquí vivimos en silencio, corregimos nuestra salud, no nos enfermamos, disfrutamos de un clima y una naturaleza maravillosos.

– ¿Y cómo están sus hijos estudiando aquí?

– Muy bien. Llegamos en enero del 2016, y Dimitry entró casi inmediatamente al sétimo grado. Estaba muy preocupada acerca de cómo podría estudiar aquí, porque no sabía el idioma español ni el programa local. Pero nuestros hijos son unos héroes, ¡se pusieron al día muy rápido! La escuela pública en Santa Ana es muy buena, los profesores lo tratan con comprensión, al principio, para Dimitry incluso hacían exámenes especiales más fáciles y se le permitía usar el diccionario. Él no perdió una sola materia. En matemática le va mucho mejor, por supuesto. En Rusia, también era su materia favorita. Los más difíciles son los estudios sociales, los abordamos literalmente por asalto. Los compañeros de clase también le explican y ayudan. Él hace su mejor esfuerzo, lee libros familiares en español. Y este año, además, vinieron más muchachos de Rusia, los hijos de Vladimir Tolokonnikov, y uno de ellos ahora está con Dimitry en la misma sección, por lo que juntos están más alegres. Dimitry sigue pintando, va al Centro de Arte en Santa Ana y tiene un profesor excelente, ¡incluso vende sus pinturas! Este año termina el noveno grado; decidió prepararse para ingresar a la universidad en la Facultad de Arquitectura, y para ello, primero pasará tres años en el colegio técnico. Ya encontramos un colegio en Lindora, en setiembre habrá un Día de Puertas Abiertas y vamos a hacer la pre-matrícula.

Y Pelagueya comenzó a estudiar desde el primer grado, le fue mucho más fácil, ahora está en tercero. Este año, fue elegida presidenta de la clase, eso nos da mucho gusto. Le encanta hacer todo tipo de sombreros hermosos y quiere convertirse en diseñadora de modas. Sin embargo, el seguir con el tenis no es aún posible porque ahora toda la atención está para el hijo, pero ella aún tiene todo por delante. Dejamos que la situación siga y dejamos de perseguir el éxito, vivimos en paz.

– Cuéntenos sobre el trabajo de su esposo.

– Estoy muy bien casada; en nuestra familia, el marido siempre resuelve y decide todos los problemas más importantes. A los dos nos gusta viajar, tenemos puntos de vista sobre la vida en común; es una gran felicidad que nos hemos encontrado uno al otro en la vida. Al llegar a Costa Rica, Dimitry padre conoció a Alexander Nikolayev, un médico. Entonces, decidieron asociarse y poner un centro de autoservicio. Por supuesto, las inversiones de capital fueron considerables donde ya se ha comprado todo el equipo básico, y las cosas van bastante bien purs la clientela aumenta cada día. En todo caso, tenemos suficientes ingresos para pagar la vivienda y los gastos diarios. El taller se llama “MultiMotors” y está ubicado en las afueras de Santa Ana, por la Calle Vieja hacia Escazú, cerca del restaurante “Ceviche del Rey”. Ofrecen un servicio completo, tanto en mecánica como en parte eléctrica. Por supuesto, no es fácil trabajar en este país, aquí todo es diferente. Dimitry está aprendiendo el idioma español practicando sobre la marcha; ahora uno de nuestros compatriotas, que habla muy bien el español, trabaja con ellos, y la comunicación principal con los clientes recae sobre él. Hubo dificultades con la instalación del equipo, un día prometieron y no vinieron, luego vinieron e instalaron otra cosa que no era, en general, aquí hay que tener paciencia. Pero, gracias a Dios, no hay problemas serios, todo se puede resolver. Pero estamos muy agradecidos con los costarricenses por su buena actitud cuando hay malentendidos por culpa del idioma ya que convierten todo en broma. En el corto plazo, los muchachos quieren contratar a costarricenses para trabajar en el taller porque necesitan ayuda calificada. Dimitry también quiere aprender algo más. Por ejemplo, administración o contabilidad, ya que ahora es dueño de su propio negocio. Una vez que obtengamos los documentos veremos hacia dónde avanzar.

– ¿Qué es lo que le gusta más en Costa Rica?

– Aquí nuestros hijos comenzaron a sonreír, esta terrible tensión con la que vivimos en los últimos años, se vino abajo. En Costa Rica, el aire es puro, hay verduras y frutas frescas todo el tiempo. Viajamos por todo el país y ya hemos visitado muchos lugares. La naturaleza aquí es única y las puestas de sol son muy hermosas… ¡Vimos por primera vez cómo una gran bola de sol brillante literalmente caía en el océano, fue una vista increíble, desde el deleite gritamos toda la familia! Vimos el árbol de fruta de pan, pero no vimos el “árbol de vodka” (del que los rusos siempre bromean). Y aquí, cerca de nosotros, también hay montañas realmente hermosas, están entre Santa Ana y Ciudad Colón, sin embargo, no es fácil llegar allí, nadie vive allí y no hay caminos. Hice una foto del paisaje en la niebla, nadie cree que estaba prácticamente cerca de la casa. Sueño con tomar una foto de la puesta de sol desde esa montaña, pero es terrible imaginar cómo volver desde allí en la oscuridad.

– ¿No extrañan a sus padres?

– Por supuesto que sí, hemos volado muy lejos y si algo sucede, no será tan rápido llegar allá. Nos comunicamos por Internet, la tecnología ayuda. Y cuando nos hablamos por teléfono, sentimos que durante el  corto tiempo que hemos estado aquí, en nuestro interior, ya nos hemos distanciado de muchos problemas de Rusia. A decir verdad, no nos hace falta la tierra natal y no tenemos ganas de volver en absoluto, posiblemente, para eso ha pasado demasiado poco tiempo, no lo sé… Por supuesto, estamos muy preocupados por nuestra gente y esperamos que la vida en Rusia algún día se arregle.

– ¿Y su sueño de convertirse en actriz?

– En este momento se está realizando. Cuando vine aquí, me dije: ¡en Costa Rica voy a cantar! Y tuve la gran suerte de conocer a Irina Petrova. Ella creyó en mí, me ayudó a superar mis terribles complejos. En estos días, grabamos una versión de estudio de una canción de mi autoría ¡y pronto haremos un video! Por el momento, estamos preparando un nuevo concierto acústico. Irina también es muy apasionada con el proceso y esto es muy importante! Tengo un maravilloso tándem creativo con ella. El dónde será el concierto y cuándo, hasta ahora no puedo dar la información porque todavía hay mucho trabajo, elegimos un repertorio muy complicado, las canciones estarán en francés, italiano, español e inglés. Irina es una maestra seria y está tratando de alcanzar la excelencia en todo por lo que trabajar con ella es un placer. Veo cómo mi sueño de muchos años – salir al escenario – se hace realidad…. todos los deseos acumulados se están realizando, y es maravilloso, ¡a todo el mundo le deseo esto!

– ¡Muchas gracias por la entrevista! Y los invito a usted y a Irina a participar en el Festival de Cultura Rusa, que se realizará el próximo mes en Cartago.

– Gracias, pensaremos sobre eso sin duda.