Marta Hrzhanovskaya Rein, nuestra actriz reconocida y personaje público

Desde niña, Marta Hrzhanovskaya mostró brillantes talentos artísticos: cantaba, bailaba, pintaba, tocaba el piano, componía poemas y canciones. Ya muy joven se vio en actividades teatrales y de conciertos.  A la edad de 20 años viajaba por toda la Unión Soviética y organizaba grandes eventos culturales. En la década de los 90 se vio en la actividad periodística. Pero luego tuvo que salir de Rusia. Marta llegó a Costa Rica con su familia en 1996 y desde entonces, desarrolla aquí la cultura rusa con mucho éxito y su teatro “Balagan Art” ya cumplió 20 años.

La Gazeta Rusa más de una vez ha escrito sobre Marta Hrzhanovskaya Rein. Esta brillante personalidad es bien conocida entre casi todos los rusos y muchos costarricenses. Aquí organizó su propio teatro, donde junto con su marido ponía espectáculos de títeres infantiles y obras para adultos. Su Teatro Ruso en Latinoamérica “Balagan-Art” acaba de cumplir 20 años, lo que, sin duda, se va a celebrar ampliamente. Con este teatro ya han viajado por casi todos los países de América Latina y también daban presentaciones en Rusia. Además y durante muchos años, Marta se ha dedicado a la docencia, lo que iba creciendo y transformándose en la famosa academia de música “Dom ProFuture”. Además, realiza un gran trabajo social, pues en los últimos años, es la presidente del Consejo Coordinador de Compatriotas y a menudo representa a Costa Rica en asambleas y congresos regionales y mundiales. Además de organizar asambleas anuales, Marta también constantemente organiza grandes fiestas navideñas, conciertos en el Día de la Victoria y en otras importantes fechas de Rusia, inventó y en varias ocasiones realizó conciertos de la Musa Rusa.

Y ahora nos encontramos con Marta para que nos cuente sobre su vida: su infancia, juventud, los primeros éxitos artísticos y su carrera profesional.

– Marta, ¿viene de Vorónezh? Lo sabemos por su canción burlesca “En la Barcaza”.

– Sí, nací y crecí en Vorónezh. Es un gran centro administrativo, industrial y cultural con una población de más de 1 millón de habitantes. Vorónezh ha sido y sigue siendo una ciudad con muy alto nivel de cultura, allí aprecian el arte, y la educación artística es también de muy alto nivel. Mis padres son periodistas: él ha trabajado toda la vida en la televisión y mi madre en la prensa escrita. Soy hija única ya que eso era bastante normal en aquellos años. Me educó la tía de mi papá. Desde mi infancia más tierna, ella trataba de llevarme a todas las actividades culturales, y en aquellos tiempos tocaban orquestas sinfónicas en los parques. Cuando yo tenía 3 años, huía de ella, me colocaba entre la orquesta y el público y comenzaba a bailar. Todos estaban muy conmovidos conmigo, especialmente cuando notaban que mis movimientos estaban en concordancia total con la música y el ritmo. Entonces, el director de la Orquesta Sinfónica de Vorónezh, Vladimir Verbitsky, les recomendó a mis padres meterme en ballet.

– Entonces, ¿usted fue primera en la familia de convertirse en artista?

– Sí, antes de mí, nadie se dedicaba profesionalmente a la música ni al teatro. Sin embargo, tengo sin duda alguna genes artísticos de mi papá quien falleció el año pasado y me siento inmensamente triste por ello. Él fue un hombre muy talentoso: dibujaba excelentemente, cantaba muy bien y escribía poesías. Filmaba unos video clips increíblemente talentosos: fue el primero en la Unión Soviética en comenzar la publicidad artística, lo que lo hizo sufrir: fue acusado de “la concepción occidental” y lo bajaron de puesto. Mi abuela también componía un poco de música y tocaba el piano. Y mi madre tenía hermosa voz y buen oído.

– ¿Su apellido es polaco?

– Sí, tenemos en nuestra familia polacos, búlgaros y alemanes. Por cierto, mi nombre artístico, Rein, proviene del apellido de mi bisabuela alemana, que sonaba como “Reinl”. He utilizado este apellido en más de una ocasión y en Rusia a menudo firmaba artículos periodísticos como “Reineliova”. Pero más que todos, tenemos en la familia polacos y cosacos del Don. Y aquí, en Costa Rica, empecé a utilizar el nombre artístico Rein porque mi apellido es difícil de pronunciar, incluso para los rusos, ¡ni hablar de los ticos!

– Sí, ¡es muy interesante! ¿Entonces, al principio usted practicaba el ballet?

– Bueno, a esa edad todavía no me aceptaban en el Colegio de Coreografía porque allá reciben niños a partir de los 10 años de edad, cuando el esqueleto ya está lo suficientemente formado. Al principio iba al grupo infantil de ballet en la Casa de los Oficiales, donde practicaba con la ex solista del teatro Mariinski. También me llevaban a clases de dibujo, por voluntad de mi padre quien era un gran amante de pintura. A los tres años, empecé a componer poesía y recuerdo mi primer verso: “Sobre mi cama, protegiendo a la sombra, se duerme una lila blanca solitaria…” Al mismo tiempo, practicaba música ya que mis progenitores me compraron un piano, y desde los cinco años yo aprendí a tocar el instrumento. Estudiaba en una escuela muy exigente e iba a clases todos los días, de lunes a sábado, después de salir de la escuela de educación general, donde obtenía notas excelentes. En la edad de transición, estaba harta del piano y quería dejar todo botado, pero mi abuela insistió y después de 7 años de estudios me gradué de la escuela de música, por lo que le estoy muy agradecida.

– ¿Y cómo le fue con el ballet?

– En el ballet, me querían aceptar, con siete años disfrutaba de practicarlo en el grupo de preparatoria en el Colegio de Coreografía y el director me felicitaba mucho, pero luego, cuando ya tenía 10 años y fue necesario finalmente elegir, entonces, por consejo de mi tío, un cantante de ópera, mis padres cambiaron de opinión: “el ballet es una profesión que te esclaviza completamente, uno debe vivir en la escuela toda la semana, no puede ya pensar en ninguna otra carrera, no puede ni comer rico, ni embarazarse, practicarlo durante muchos años y luego, de repente, uno no llega a ser la estrella y va a saltar toda la vida en la 30ª línea en cuerpo de baile…” Así que, los adultos decidieron por mí el destino mío. Para mí, fue una tragedia.

– ¿Y cuándo comenzó a cantar?

– Bueno, siempre he tenido buena voz, en la escuela musical cantaba en el coro, y como tengo muy buen oído, siempre me ponían en la segunda y tercera voz, ya que es mucho más difícil que llevar la melodía. Aunque una vez una profesora me escuchó y dijo: “tienes voz de soprano, puedes llegar a cantar coloratura”. Pero no le creí y nunca practiqué el canto seriamente. Y en la adolescencia empecé a componer mis propias canciones, al principio románticas, en estilo de tango y rock. Mis canciones les gustaban hasta la locura a mis amigas de la escuela musical, y en todos los recreos nos reuníamos en la sala de actos vacía, donde yo les cantaba con el piano, en aquel entonces no pensaba en tocar la guitarra.

– ¿Dónde estudió después de terminar la escuela?

– En la escuela de enseñanza general, estaba por recibir la medalla de oro, tuve un “cuarto” (equivalente a 80) sólo en física matemática. Pero cuando terminé el 8° grado, no quería permanecer allí por dos años más, no tenía ninguna vanidad y la medalla de oro nunca me ha interesado. Estaba muy aburrida, sentía que ya había aprendido todo lo que podía y no quería perder tiempo para obtener un prestigioso certificado de bachillerato. No pensaba en continuar mi educación musical ya que no creía en ningún “estrellato”: igual que antes, como ahora, pienso que para convertirse una en la estrella, no se ocupa tanto el talento, sino principalmente la buena suerte, más bien es una lotería. Como mi padre trabajaba en la televisión, yo desde niña había visto un montón de cosas “desde el revés”. He visto lo que son las “argollas”, que muchas cosas se hacen a través de la cama o a través del dinero. Sí, me gustaría ser artista, a saber, el artista del teatro musical. Canto bien, puedo bailar, no continué mi carrera de ballet, pero lo que se aprende en la infancia, se queda para toda la vida. Si me preguntaran, diría: “Diosito, ¡haz que yo nazca en Broadway!” Pero como yo era una niña educada en el sistema soviético, sabía que todo esto era imposible y ni siquiera soñaba con convertirme en una estrella.

Fue el año 1981. Presenté mis documentos en el Colegio de Bellas Artes, quería vivir tranquila y hacer ilustraciones para los libros. Y ya había hecho todas las vueltas de la selección. Pero, de repente, en la escuela de música, ya después de la graduación, donde fui para despedirme de mis profesores, por casualidad vi el anuncio en el que invitaban a los jóvenes después del 8° grado a entrar en un nuevo grupo experimental de Teatro del Espectador Joven. Y para ello trajeron a un director de Moscú. Me pareció muy interesante, me dirigí para allá, también hice todas las vueltas de la selección, pero en la competición principal, el profesor del Teatro Artístico Académico de Moscú (MJAT), que había llegado a las selecciones, me echó por mí “mandíbula inmóvil”. Fue una completa decepción. No entré a estudiar en ningún lado y en lugar de ello, me fui a Kaliningrado donde estaba mi mamá que se había ido para allá por trabajo y me fui con ella y la pasamos muy lindo, paseando todo el mes. Y de repente me llaman del teatro: “muchos de los aspirantes fueron rechazados y resultó que nos falta gente”, de manera que me invitan a intentarlo de nuevo, ya que tengo “excelente aspecto exterior, energía fuerte y una mente madura, y con el habla se puede trabajar”. Me hicieron un examen más, y yo, después de un descanso relajado, les mostré lo mejor de mí. Como en todas las admisiones teatrales, había que recitar una poesía, contar una fábula y un pasaje de prosa, y la fábula inventando yo misma, y allí les asombré tanto que ¡todos ellos se han derrumbado de felicidad!!! Y así, a partir de 1981, empecé a estudiar en el Colegio Teatral.

Fue la educación de 4 años equiparada a la universitaria. Las materias académicas faltantes las pasé en el Colegio Musical de Vorónezh y las materias del 10° grado las aprobé por suficiencia. Tuve una educación teatral muy seria. El maestro del curso fue Mikhail Logvinov, un director teatral de Moscú, le ayudaba el profesor de МJАТ Vladimir Kuznetsov, los dos ya han fallecido, ¡que descansen en paz! Nina Gapónova, una famosísima escenógrafa de Rusia, nos daba la historia del traje, Vladimir Granov, un especialista en el movimiento escénico, hoy en día muy solicitado en Europa del Oeste, comenzó su carrera docente con nosotros… es decir, todos los profesores eran simplemente brillantes.

– ¿Y dónde trabajó después de terminar los estudios?

– Después de la graduación, Logvinov planeaba dejarnos a todos en el mismo teatro. Pero se formó un conflicto interno: algunos artistas de Vorónezh no querían a los “foráneos” de Moscú y comenzaron una intriga, lo que, en general, es algo típico de cualquier teatro. Al mismo tiempo empezaron a “comer” también a los estudiantes, inventaron alrededor de mí toda una historia… Todo eso fue muy duro y sucio y finalmente me fui a Moscú, donde decidí a seguir mi educación teatral. Pasé el concurso en el Instituto Estatal de Arte Teatral (GITIS) en la facultad de variedades, pero allá supieron que yo ya tenía un título teatral y lo que ellos necesitaban era “la masa fresca”… Y en este mismo momento murió mi querida tía, y así ocurrió que me fui de vuelta a Vorónezh.

Y en ese momento me invitaron a trabajar en la Filarmonía de Vorónezh. En consecuencia, me convertí en una artista de variedades, es donde me realicé. Y hay que notar que el trabajo en una filarmonía es de constantes giras por todo el país y cada viaje tiene una duración de tres meses. De la Filarmonía de Vorónezh pasé a la de Bélgorod y, a continuación, de la Región de Moscú, a la Central de Moscú. Trabajé en ‘Rosconcert’ y en ‘Gosconcert’. No me quedaba en ningún lado por más de dos años, tenía una necesidad de cambio, quería algo mejor y superior. Trabajé en clubes, casas de la cultura, en ciudades y aldeas, en “pýrlovki”, como decían los artistas de variedades. Sin embargo, también había muchas tablas grandes. Una vez tuve la suerte de salir en la sala de Conciertos “Rossía”, no digo que fue un recital mío, pero tenía allí unos 20 minutos en el ‘rock show’. He trabajado en todos los géneros de variedades, incluso en el del ilusionismo porque sé muy bien cómo trabajan los magos. Entre viaje y viaje, regresaba a Moscú, donde siempre tenía donde pasar tiempo en una “tertulia”. Para entonces, cambié el piano por la guitarra, porque “un piano no se puede cargar en la mochila en una gira” – como dijo uno de los amigos, mostrándome los primeros acordes. Tenía amigos en los clubes de rock y en la editorial de la revista “ContrCultura” que contaba acerca de todos los movimientos informales y sobre la música nueva. Yo cantaba mis canciones al estilo de “Stab Rock” y participaba en los festivales de música rock. Y, al mismo tiempo, escribía mucha música seria para teatros, e incluso para el Gran Circo en el Prospecto Vernadsky.

– ¿Cuándo aprendió a trabajar con los títeres?

– Fue por casualidad. En uno de los viajes al sur, a la ciudad de Mineralnye Vody, cogí un fuerte resfrío: fue en febrero, la temperatura era de 5 grados, estábamos actuando en escenarios abiertos, viajando en trenes fríos… Como resultado, a mi regreso me llevaron en ambulancia directo al hospital ‘Burdenko’, donde atendían a todos los militares y a los artistas. Resultó que tenía una inflamación de riñones. Por cierto, gracias a ese hospital, canto bien las canciones gitanas, porque al mismo tiempo allí estaba un artista del teatro “Romain”. Él consiguió una guitarra, quién sabe cómo, pedíamos alcohol puro al personal y cantábamos hasta el amanecer… Cuando mi mamá se enteró de mi enfermedad, llegó conmigo y apenas me dieron de alta, me llevó a la casa en Vorónezh, convenciéndome de no rodar más con las giras.

Fue el año 1988. En Vorónezh, miré alrededor y me fui al teatro de Valery Volkhovski. Ese fue un teatro de títeres absolutamente único, muy famoso en ese entonces, era un teatro para adultos, que planteaba muy graves problemas sociales y psicológicos. Uno de sus espectáculos, “Juana de Arco” me dejó totalmente impactada. Me enteré de que en un teatro de títeres, también hay un lugar para los actores “vivos”… Volkhovski tenía un nuevo despacho muy grande y organizaba las tardes del té, tenía una gran vajilla y todos los artistas allí tomaban el té y cantaban en coro. Le gustaban los artistas cantantes. Y yo le canté como “una visita”. Él me invitó a su conjunto. Trabajé allí durante dos años, ¡inolvidables! Pero el conjunto comenzó a estallar en conflictos y entonces regresé a Moscú.

En aquellos años, eran muy populares los teatros de mimos, como el teatro de Viacheslav Polunin o el de “Máscaras”… Por un tiempo, trabajé en la “Compañía de Jack”. El director artístico una vez me preguntó: “Usted es una mujer muy enérgica ¿qué sucede con los colectivos donde trabaja?” – “Si la gente me trata bien, el trabajo se despega, – dije. – Pero si comienza la intriga y la suciedad, me voy, pero el equipo también se derrumba y se va volando al abismo”. Y así sucedió: él no tenía que ofrecerme a traicionar a mi marido y crear un nuevo trío… Sí, en ese entonces, me casé la primera vez. Simplemente estaba cansada de estar sola, quería arrimarme a algún hombro. Quiero dar gracias a este buen hombre, él era un payaso de profesión, no en la vida, fue muy lindo y, probablemente, me amaba. El matrimonio duró muy poco. Un día me invitaron al teatro ‘En Filiaj’ para escribir la música para el espectáculo “La Cenicienta”. Estaba en el escenario, tocando el piano, los artistas cambiaban uno al otro, probando las voces. De repente en la sala, por las gradas, baja corriendo el príncipe, bueno, sí, el actor que hacía el papel del Príncipe el Bello, era Ordanski. Desde que se vino corriendo, así se quedó para siempre conmigo. Desde 1992 estamos juntos y al año siguiente nació Arcadi.

– ¿Y cuándo estudió periodismo?

– En aquellos mismos años, por insistencia de mis padres, entré en la facultad de periodismo, pero estudiaba a distancia. Me gradué de periodismo, sólo para satisfacer sus deseos, pero no pensaba en trabajar en esta especialidad. “¡Apostamos por una caja de coñac, que vas a trabajar de periodista y ganar con esto!” – me dijo un compañero de curso. ¡Perdí la apuesta!

En la terrible década de los noventa, cuando los artistas comenzaron a vivir muy mal, ya que prácticamente nos dejaron de pagar, disfrutaba de cantar en restaurantes, pero eran solo extras. Mitya entonces trabajaba en el Teatro “Hermitage”, pero su salario era para reír o llorar, a pesar de los papeles principales que hacía. Y entonces me acordé que tengo un diploma más de reserva y empecé a trabajar de periodista en el semanario “Golos”, cuando apenas se formaba, ahora no queda ni rastro de éste. Les hice un artículo de muestra, les gustó y me contrataron como corresponsal. Allí pagaban muy bien, en dólares. Escribía artículos serios bajo el seudónimo de Reineliova, y también bajo el de Nica Víctorova, sobre todo de temas frívolos: la vida artística de Moscú y las estrellas de la farándula. Gracias a mis entrevistas, conocí a muchas personalidades famosas… Y por culpa de un artículo, tuvimos que emigrar a Costa Rica, ya que se vieron afectados los intereses de una gran personalidad semi-criminal, en el año 1996. Venimos con Arcadi de 2 años y el resto de la historia ya es conocida.

– Muchas gracias, Marta, la entrevista fue muy interesante. Estoy segura de que a nuestros lectores les gustará también.