Playa Tamarindo

Elena Polster.

Continuamos nuestro recorrido por las playas de Costa Rica. En ambas costas oceánicas, Pacífica y Atlántica, hay tantas que es difícil visitarlas todas. Los centros turísticos más bonitos y más populares se encuentran en Guanacaste, al noroeste del país.  Se ocupan al menos cinco horas el ir ahí.

Recientemente visitamos la playa de Tamarindo. Para llegar allí desde San José primero hay que ir por la autopista N° 1 o la N° 27 (a su elección, porque en Barranca siempre convergen). Son 102 y 95 km, respectivamente; la ruta N° 27 es más corta, pero es de peaje (la tarifa total es de C 2 180 = $ 3,8). Después de Barranca, hay que viajar 53 km hasta Limonal y girar a la izquierda siguiendo la señal de tránsito, atravesar el Puente de Amistad sobre el río Tempisque recorriendo 49 km hasta el giro a la derecha hasta llegar a Nicoya (14 km) para luego seguir otros 35 km a Santa Cruz y desde allí – otros 37 km hasta Playa Tamarindo. En todas partes hay señalización.

Si sale temprano por la mañana el camino no parecerá agotador, por todo el lado encontrará maravillosos paisajes, especialmente en el período lluvioso, pues toda la naturaleza está saturada de verde. Las carreteras son muy rectas y lisas, a menudo hay sodas, mercados de frutas y restaurantes donde uno puede almorzar. Sin embargo, tenga en cuenta que las carreteras son angostas en Guanacaste, y para adelantar vehículos lentos, solo se puede en lugares permitidos y con excelente visibilidad, ya que, debido a los adelantamientos incorrectas, cada año muere mucha gente en terribles accidentes.

Se puede también llegar allá por aire. Del aeropuerto internacional Daniel Oduber, cerca de la ciudad de Liberia, hasta Tamarindo hay una distancia de 67 km, poco más de una hora de viaje en auto. Además, hay un pequeño aeropuerto en Tamarindo, dentro de las instalaciones del hotel Diriá, donde vuelan las avionetas de NatureAir.

Tamarindo es un complejo turístico relativamente nuevo, porque en los años 80 del siglo pasado nadie vivía allí. Turistas americanos y europeos descubrieron las excelentes condiciones para el surf porque el fondo marino es liso, de pendiente suave, donde se forman olas bajas pero potentes y largas, apenas para principiantes. Más que nada, eligieron el Golfo de Papagayo donde se desarrollaron centros turísticos en Hermosa, Catalinas, Potrero, Flamingo, Brasilito, Tamarindo, Langosta y Avellanas.

La población de Tamarindo es de aproximadamente de 6.500 personas la que varía según la temporada. Anteriormente, la población local vivía principalmente de la pesca. Pero ahora la principal fuente de trabajo es el turismo, por lo que la mayoría de jóvenes locales reciben clases de inglés desde la escuela. El personal de servicio generalmente vive en los pueblos vecinos. Recientemente, muchos extranjeros deseando cambiar su estilo de vida bulliciosa, vienen para vivir permanentemente en el área de la playa y compran apartamentos en condominios modernos con todas las comodidades. Por lo tanto, en el centro de Tamarindo a menudo se oye más inglés que español. Hay una colonia italiana allí, y el habla rusa también suena; en todo caso, ¡inmediatamente identificaron a mi hija y a mí y comenzaron a felicitarnos por la victoria en el fútbol!

Ahora Tamarindo es un complejo juvenil popular. Tiene de todo: una amplia variedad de hoteles, cabinas y hósteles turísticos (muy baratos, pero con habitaciones de muchas camas, los baños son compartidos y la música y el baile no cesan durante toda la noche, por lo mismo no aconsejamos la gente con familia hospedarse allí). Además, naturalmente, hay muchos bares y restaurantes, italianos, tailandeses y japoneses, sin embargo, por más que lo intentamos, no pudimos encontrar ninguna marisquería pues aparentemente este tipo de comida no gusta a los aficionados al surf. Los precios allí son, en general, bastante elevados. Hay farmacias, bancos, policía, escuelas públicas y privadas, iglesias católicas y protestantes, gimnasios, supermercados, panaderías, heladerías, tiendas de ropa, artesanías, galerías de arte, tiendas de mascotas, clínicas y consultorios dentales, lavanderías… Además, se puede alquilar absolutamente de todo: tablas de surf, automóviles, tiendas de campaña, equipos de pesca, barcos, etc. Y, por supuesto, en cualquier lugar hay buena señal de Internet, y en hoteles y restaurantes, por lo general, el ‘wifi’ es gratis… en nuestra época, es la primera necesidad. En Tamarindo está bien desarrollada la industria del entretenimiento pues hay una variedad de discotecas, casinos y pronto se abrirá un cine.

La ciudad es bonita, todos los edificios, con raras excepciones, están hechos en estilos arquitectónicos buenos y diversos. Al visitante le encantará la vegetación exuberante y los jardines decorados con buen gusto. A simple vista se puede ver que este complejo está creciendo y desarrollándose rápidamente. En todas partes hay construcciones nuevas y en el centro no queda un solo lote vacío. Para explorar el vecindario, viajamos alrededor de la ciudad por un camino de piedra que atraviesa un bosque tupido, pero en todas partes los trabajadores construían cercas aparentemente preparando parcelas para nuevos desarrollos. No es sorprendente que haya un floreciente comercio de bienes raíces. En el centro a cada paso se ven rótulos de estas agencias. En la parte norte de Tamarindo se construyó un portal pomposo con enormes columnas y esculturas al estilo oriental; ¡al examinarlo con más detalle resultó ser solo una agencia inmobiliaria! (¿o tal vez la entrada a algún hotel aún no construido?).

Pero lo más importante, por supuesto, es la playa. El mar, las palmeras, magníficas puestas de sol, ¡belleza pura! Un paraíso para fotógrafos. Es larga, de siete kilómetros, limpia, pareja, cubierta de arena blanca, lo que, en Costa Rica, en general, es raro. Sería un lugar paradisiaco, si no hubiera tablas de surf flotantes en todas partes, que amenazan golpearte la cabeza, y por los cocodrilos, que a menudo bajan por los ríos durante la temporada de lluvias, salen a la playa y regresan con despacio al bosque. Aunque no se reportan incidentes con los saurios. Pero, en realidad, se pueden encontrar lugares tranquilos, siguiendo los consejos de los residentes locales, donde uno puede bañarse a gusto. En el área de los grandes hoteles en la playa hay salvavidas y camillas de playa que no todos pueden pagar: cada una cuesta C 8 000 por día. En el mar, todo tipo de actividades acuáticas bien desarrolladas: además del surf, allí se puede pescar, navegar en kayak o en bote de vela y sumergirse con snorkel o scuba. El agua allí es muy limpia, porque no hay grandes ciudades, ni granjas, ni plantaciones. La ciudad está rodeada de bosques, plenos de monos congos, que rugen al amanecer y al atardecer produciendo sonidos muy fuertes. Los jardines están llenos de pájaros cantando y silbando solos y en coro, las “lapas” (guacamayas) rojas vuelan de lado a lado mientras que las iguanas, pizotes y ardillas corren por todas partes. La vida silvestre está bullendo, no tiene miedo al ser humano y se acerca a los turistas. Por cierto, cabe señalar que hay muy pocos mosquitos. Pero, aun así, es mejor traer un repelente, porque en esas áreas hay brotes de dengue, transmitido por aquellos.

Desde Tamarindo, es muy cómodo viajar a las playas cercanas, o se puede ir en grupos de excursión al Parque Nacional Palo Verde, donde hay una gran selva tropical, al Parque Nacional Las Baulas o a Playa Grande, para ver el desove de tortugas marinas o cómo nacen pequeñas tortuguitas, dependiendo de la temporada. ¡Este es un espectáculo sin precedentes! Solo es necesario seguir las órdenes estrictas establecidas por el guía: no acercarse a los animales, no tocar nada y observarlos en silencio absoluto, para no violar los procesos naturales.

Para aquellos que buscan un lugar interesante para ir de vacaciones, ¡recomendamos Playa Tamarindo!