100 años de Revolución de Octubre. Nuestra historia

Elina Čulkstēna.

El 2 de marzo de 1917, bajo la presión de los comandantes del ejército, abdicó el Zar Nicolás II. De hecho, la historia del Imperio ruso terminó con esto. Hace cien años, Rusia dejó de ser una monarquía autocrática. Casi 70 años el poder en nuestro país perteneció a los bolcheviques y el comienzo de esto, fueron los eventos del año 1917. Está claro que durante dos días, el 24 y el 25 de octubre y unas cuantas horas del 26, es imposible cambiar algo. Y por lo tanto, muchos historiadores dicen que no debemos considerar que fue en octubre cuando tuvo lugar la revolución. Sería más correcto decir que todo el año 1917 fue una revolución, su inicio y su realización. Uno no puede esperar que la revolución realmente preserve y multiplique la cultura y las adquisiciones del viejo orden. Porque la revolución, especialmente la revolución popular, es la ruptura del viejo orden, la renovación de la estructura política de la sociedad y la formación de un nuevo sistema de relaciones.

La violencia es parte integral de la revolución. El Terror Rojo fue despiadado, pero el terror blanco no fue menos despiadado. El resultado: la pérdida irreparable de 16 a 18 millones de personas, la deshumanización de la conciencia pública, el rechazo del respeto por la vida humana; fue una tragedia del totalitarismo.

La Revolución de Octubre, como el comienzo de las reformas destinadas a lograr el socialismo, se convirtió en un importante punto de inflexión en el desarrollo de los procesos mundiales. Su importancia internacional fue determinada por el hecho de que por primera vez el gobierno de uno de los estados en guerra llama a la concentración inmediata de la paz democrática sin anexiones ni indemnizaciones, con el derecho de las naciones a la autodeterminación.

Para el año 1922 se concluyó la victoria de los comunistas (bolcheviques) en la revolución rusa. Los resultados de la revolución tenían que ser formalizados en un nuevo “envoltorio” de estado. El 30 de diciembre de 1922 se constituyó el único estado federal: la Unión de las Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), que existió durante casi 70 años.

Los países occidentales lucharon contra los bolcheviques durante mucho tiempo y se opusieron al sistema que aquellos habían creado. Pero, de hecho, desde la década de 1930, comenzaron a implementar paso a paso, aunque en diferentes formas, precisamente aquellas demandas sociales que estaban detrás del evento de Octubre. Los estados sociales del Occidente y las economías modernas de post mercado se han establecido así en gran parte debido al hecho de que a su élite le quedó claro: o se realizan ciertos retos de civilización, u otra gente se pondrá a iniciar su realización utilizando otros métodos más severos. Y en este sentido, podemos decir con seguridad, parafraseando ligeramente a Lenin: “La revolución mundial, la inevitabilidad de la cual una vez hablaban los bolcheviques, en gran medida ha consumado”.

El siglo XX fue rico en eventos de naturaleza global, pero la revolución rusa de 1917 ocupa entre ellos un lugar muy especial. El recuerdo de ésta preocupa hoy a muchas personas en la Tierra. Una y otra vez estamos recurriendo a la comprensión de este cambio verdaderamente tectónico en los destinos de Rusia y muchos países del mundo.

Durante muchos años y alrededor de un evento tan significativo como la Revolución de Octubre, las discusiones no han disminuido. A menudo se expresa la opinión de que no fue una revolución en absoluto, sino más bien un golpe al estado realizado por un puñado de conspiradores bolcheviques contra la voluntad de la inmensa mayoría de la población. También existen aquellos para quienes toda la serie de eventos revolucionarios de principios del siglo XX no fue más que el destello de una cámara. Para tales personas, nada importante, ni sagrado está encerrado en estos eventos. No se dan cuenta del gran papel que jugaron la Revolución de Febrero y de Octubre en el futuro de Rusia.

Ya después del colapso de la Unión Soviética y el comienzo del gobierno del “equipo de Yeltsin,” el poder supremo, un año antes del 80° aniversario de la Revolución de Octubre, emitió un decreto sobre la introducción de una nueva fórmula de la celebración, es decir, que querían transformar el 7 de noviembre en el Día de Acuerdo y Reconciliación; en este acto yace un deseo de “enterrar” el recuerdo de estos eventos.

Más tarde, surgió la idea como si pasar la celebración del 7 de noviembre al 4 de noviembre, declarándolo el día “Día de la Unidad Nacional” y ligar esta celebración a los acontecimientos de milicias populares del año 1612.

Sin embargo, el 6 de julio del 2005, por sugerencia del Comité de la Duma Estatal de Trabajo y Política Social, se modificó la Ley Federal “Sobre los días de gloria militar y las fechas memorables de Rusia” y 7 de noviembre llegó a ser una fecha memorable en la redacción del “Día de la Revolución de Octubre de 1917”.

Hace varios años, según el decreto del Sr. V.V. Putin del 31 de octubre de 2013, fue propuesta nueva fórmula de los acontecimientos del año 1917: “La gran revolución rusa de 1917-1921”.

Por analogía con la Revolución Francesa, los autores de esa concepción decidieron ampliar los marcos cronológicos y presentar la Gran Revolución Rusa como un proceso a largo plazo, en el cual se destacan los etapas de febrero, de octubre y también del tiempo que concluyó en 1921 con la Guerra Civil.

Rendimos homenaje a la memoria de aquellos acontecimientos, ya que hasta ahora se han quedado en la historia como el mayor intento de la humanidad para acabar con el poder absoluto del capital y después construir un nuevo mundo, un mundo de justicia social. Y en este momento, podemos ver que las razones, por las que alguien se declara un firme partidario de la revolución y alguien, por el contrario, es su oponente, no son muy diferentes de los que originalmente separaban las filas de los que estaban de acuerdo o completamente en desacuerdo con sus ideas. Y esto, en total, no es sorprendente. Porque Octubre de 1917 ponía la gente frente una elección: o bien proceder al inicio de la construcción de un nuevo mundo en el que no hay lugar para la dominación del capital y la explotación del hombre por el hombre, o bien aceptar que el capitalismo, en sus diferentes variantes, es para siempre el destino de la humanidad, o una especie de “fin de la historia”.

Recientemente en Francia, la catedra de la historia de la Revolución Francesa fue cerrada. Esto se debe al hecho de que los franceses ahora lo consideran un episodio ordinario de su historia y exhaustivamente estudiado. Rusia todavía está lejos de este límite porque la interpretación objetiva de los resultados de la revolución de 1917 ha comenzado hace muy poco en el país.

El verdadero conocimiento de la historia existe, ya que hay fuentes genuinas que reflejan hechos históricos. Y uno solo necesita saber trabajar con estas fuentes.

En el exterior, la comprensión de un evento tan grande y colosal como la revolución rusa, tuvo lugar literalmente desde el comienzo de la emigración rusa, desde el comienzo de la Guerra Civil.

Con respecto a los eventos de 1917, el total de fuentes históricas es enorme. Son millones de documentos almacenados en archivos federales y regionales. Y a diferencia de la época soviética, cuando por razones ideológicas, una gran parte de ellos fue prohibida, ahora todos estos documentos están disponibles.

“Es nuestra historia en común, y debemos tratarla con respeto. (…) Y necesitamos las lecciones de la historia, en primer lugar, para reconciliarnos, para fortalecer la armonía social, política y ciudadana, lo que hemos logrado hoy”. (Del discurso anual de Vladimir Putin en la Asamblea Federal el 01.12.2016)