José Luis Callaci, una persona polifacética, un gran amigo de Rusia

José Luis Callaci fue en 1963 uno de los primeros latinoamericanos en ir a estudiar a la Unión Soviética. Al finalizar sus estudios regresa a su país de origen, Argentina, de donde tuvo que salir para finalmente radicarse en Costa Rica desde el año 1972. Ocupo aquí altos cargos en la administración pública y fue un cercano colaborador de varios presidentes, en cuenta Oscar Arias. Retirado de la militancia política partidista, en actualidad se desempeña como asesor privado y escribe en varios medios locales e internacionales artículos muy beligerantes relacionados con la situación imperante en el mundo. Sus lazos con Rusia siempre estuvieron presentes en su vida personal y publica.

Hace poco conocimos personalmente a José Luis en una de nuestras actividades. Fue en la última celebración del Día de la Victoria. Nos sorprendió sobremanera oírle cantar junto con todos nosotros, las canciones de la época de la guerra. Lo hacía con tanto sentimiento que atrajo la atención de Irina Borovik, nuestra editora del periódico quien me dijo: ¡este hombre es de los nuestros! Nos acercamos a él, conversamos un poco y luego nos encontramos en diferentes eventos socioculturales de la diáspora rusa en Costa Rica. A partir de esos encuentros José Luis comenzó a enviarnos sus artículos, algunos de los cuales fueron publicados en La Gazeta Rusa. Tuvimos mucho gusto en hacerlo, aunque no fue tan fácil debido a algunos giros idiomáticos desconocidos por nosotros debido a expresiones muy propias de un lenguaje del castellano más amplio con mucho tal vez de argentino. Cuando José Luis nos invitó a visitarlo en su casa para comer pizza de su propia preparación, sin duda no lo pudimos rechazar, ¡aunque viajar en el carro de Heredia a Moravia nos tomó un tiempo muy largo! José Luis vive en un buen barrio, en una casa espaciosa y cómoda construida por el mismo. Quisimos aprovechar la oportunidad de este nuevo encuentro para conversar con él cosas más detalladas de su vida las cuales deseamos compartir con nuestros lectores.

– Don José Luis, cuéntenos sobre sus años jóvenes, cómo pudo obtener una beca para estudiar en la Unión Soviética.

– Sin el Don, muchachas, por favor.

Nací en la ciudad de Chivilcoy, situada a 160 km de la capital del país, Buenos Aires. Quisiera recalcar que soy muy provinciano sin menoscabo de los porteños que se sienten muy orgullosos de serlo. A los 12 años perdí a mi padre y quedamos mi madre y mis tres hermanos menores en una situación muy precaria. Los sueños de mi padre de darme una educación superior quedaron truncos y a los 14 años me trasladé a la ciudad capital en busca de trabajo.

Desde esa temprana edad me incorporé a las luchas reivindicativas y participé en el levantamiento popular para defender al gobierno peronista de esa época contra el golpe militar impulsado por la oligarquía criolla, como lo fue siempre en los posteriores golpes, apoyada por la gran potencia del norte.  A los 23 años fui detenido por las autoridades militares y pasé encarcelado aproximadamente un año en condiciones que prefiero no recordar.

Después de este episodio de mi vida un día mis compañeros de lucha me transmiten la noticia de que había sido escogido para ir a estudiar una carrera a la Unión Soviética. Fue este uno de esos momentos de la vida que se recuerdan con el mas mínimo detalle y que se atesoran en lo más profundo del corazón. Llegamos a Moscú con dos compañeros argentinos más con los cuales me encontré en Montevideo. En aquel entonces no se podía viajar de forma directa a la Unión Soviética por las restricciones impuestas por las autoridades militares. Llegamos a Moscú en avanzadas horas de una fría noche de octubre del año 1963. Nos esperaba en la residencia estudiantil, de la calle Pavloskaia, Stella Vittelleschi, una estudiante argentina con la cual compartimos luego una gran amistad que perdura hasta la fecha.

Estudié en la Universidad de la Amistad de los Pueblos Patricio Lumumba en la carrera de agronomía y me gradué luego de hacer mis prácticas en Askania Nova en el año 1970. Fui muy activo en la vida estudiantil y en los círculos de investigación científica. En 1965 conocí a Eugenia, una estudiante rusa de la carrera de filología. Mantuve con ella una relación amorosa y en 1966 contrajimos matrimonio del cual nació Nadya, mi hija rusa.

El resto es una historia bastante triste relacionada con los duros años de la guerra fría. Por responsabilidad moral adquirida tuve que regresar a mi país y Eugenia tuvo que quedarse por circunstancias muy especiales que ojalá nunca más se repitan.

– Sí … es muy triste. ¿Cómo fue su vida en los años siguientes?

– En Argentina, en aquellos años, en el poder estaba otra junta militar de turno. El mero hecho de que yo había estudiado en la Unión Soviética, ya era un crimen. Era imposible pensar en un trabajo en mi profesión y por razones de seguridad para mí y mi familia argentina me recomendaron ausentarme del país, aunque sea por un tiempo. Fue así que emigre a Chile, luego a Panamá y finalmente a Costa Rica invitado por un viejo y querido amigo costarricense el Dr. Ivan Moreno Rampani, que ya no está entre nosotros. Ivan hizo hasta lo imposible para que me quedara en Costa Rica. Gracias a su gestión, logre trabajar a los pocos días de mi llegada haciendo una evaluación para la Junta de Administración Portuaria y de Desarrollo de la Vertiente Atlántica (JAPDEVA). Más tarde, mis aportes fueron considerados útiles en la Oficina de Planificación Nacional del Ministerio de la Presidencia. La planificación del desarrollo fue un fuerte en nuestra formación profesional en la Unión Soviética y era lo que en ese momento atraía la atención de las autoridades costarricenses.  En 1974 fui el coordinador del Primer Plan Nacional de Desarrollo.

– Entonces, sus actividades profesionales no se circunscribieron solo a la agronomía…

– Tal fue así que incluso me toco formar durante el Gobierno del Presidente Daniel Oduber una Dirección de Programas Especiales de la cual fui su Director, y desde la cual se manejaron varios programas vinculados con el desarrollo de sectores sociales y económicos postergados.  Fui en ese entonces un estrecho colaborador del Ministro Oscar Arias en los temas que me toco manejar y que luego a su solicitud se extendió a su vida política hasta su primer gobierno en donde ocupe cargos en la administración y en el servicio diplomático. También tuve la oportunidad de participar activamente en la creación de espacios públicos para la recreación y el esparcimiento como la Plaza de la Cultura y otros.

– Usted dijo que fue Presidente Ejecutivo del INVU… como se explica que un hombre que se define ser de izquierdas pudo mantener una relación con los entes financieros…

– Esa es una historia muy larga en un tiempo de gestión corto que cuando exista otra oportunidad se las contaré. No fue nada fácil, pero fue apasionante. Fue como estar como Jonas en el vientre de la ballena. Había que construir en 4 anos 80 mil viviendas esa fue la promesa de campana de Arias y había que correr, lo que planteaba la necesidad de hacer grandes cambios en la administración y redefinir conductas en cuanto a la relación con los entes financieros y de algunas agencias internacionales y de países, llamadas de cooperación.

Hubo enfrentamientos fuertes, algunos se resolvieron y otros no. Unos se quedaron y otros decidimos ante la imposibilidad de hacer algo en ese sentido irnos para la casa.

– Algún ejemplo de lo que dice?

– Cuando se intentan hacer dichos cambios en cuenta los orientados a diversificar los apoyos en materia de desarrollo, surgen grandes presiones de quienes quieren seguir siendo únicos defendiendo los grandes intereses de siempre. A mí me toco conseguir contribuciones importantes en materia de vivienda en condiciones muy favorables para Costa Rica, en cuenta las crediticias. Frente a los que se oponían a eso nos mantuvimos firmes y logramos ciertos éxitos parciales sin agachar la cabeza ni andarnos con pusilanimidades. Pero esa actitud tenía y aun lo tiene un costo muy alto que terminan haciéndotelo pagar. Recuerdo una vez que en la seguridad de una Embajada me quisieron obligar, siendo yo un alto funcionario de gobierno, a abrir un sobre que llevaba conmigo. No solo me negué a hacerlo, sino que me devolví a mi oficina. Luego llamé al funcionario con el cual debía reunirme para renegociar las condiciones de un préstamo y le dije textuales palabras: ‘Si ustedes y su seguridad en mi país no pueden impedir que la confiabilidad de un documento de gobierno sea mantenida, no cuenten conmigo para futuras reuniones. Los invito a mi oficina de gobierno y traigan lo que sea que aquí nadie les va a revisar nada ni les va a preguntar, teniendo cita, a que vienen’. Pasado el tiempo y no estando yo ya en gobierno me encontré a la sazón con esta persona la cual me comento lo siguiente:  ‘sabe usted que, aunque no podíamos o no se nos permitía entonces compartir su gestión, a usted lo respetamos mucho’. De rodillas solo ante Dios.

– ¿Ha tenido muchos problemas por su carácter y actitud de hombre de izquierda?

– Todos los que pueda imaginarse. Nunca oculté mis ideales y mis convicciones, ni mis relaciones con políticos de izquierda y de otras tendencias ideológicas. Me considero un demócrata, pero también un hombre que anhela que nuestros países latinoamericanos tengan una vida independiente, libre de odiosas ataduras a cualquier país por poderoso que este sea. Defiendo un mundo multipolar de respetuosas relaciones multilaterales. Mis relaciones con Rusia son obvias, pero también las mantuve con personeros de China y de otros países. Eso no me convierte en agente de nadie como muchas veces han intentado acusarme para descalificar mis actuaciones.

– Sobre el Plan de Paz…

– Sobre ese tema queda mucho aun por hablar. No todo ha sido dicho y escrito y en mis memorias me referiré a esos vacíos, que, por respeto a la historia y los verdaderos protagonistas, es imprescindible llenar. Solo diré que por acuerdo viaje a Moscú para hablar sobre esta iniciativa de múltiple pertenencia, explicar sus alcances y procurar el apoyo a dicho plan por parte de las autoridades soviéticas. Lo que felizmente se dio sin ningún tipo de reticencias.

– Se siente usted solo?

– En cuanto a mi vida profesional y política tal vez sí. Golpeado y solo. Siempre he sido una persona incómoda para ese Estado Paralelo, ese poder real o de facto que ha acrecentado su presencia en los últimos anos. En cuanto a mi vida personal no. Tengo una hermosa familia costarricense formada con Rosa Maria, mi segunda esposa, y tres hijas maravillosas, Andrea, Mercedes y Lil Marie que con Nadya, mi otra hija rusa, también maravillosa, y todos los nietos que ellas me han dado llenan mi vida de gratos momentos. Además, mi particular trayectoria me ha permitido identificar a los verdaderos amigos, aquellos que siempre se mantienen a la par de uno, en la miel y en la hiel y ese es un haber muy valioso. Me encanta escribir sobre temas álgidos, de esos que enojan a algunos y contentan a otros. Me agrada el arte y a veces me atrevo a pintar o hacer alguno que otro vitral o mosaico.

– Y después de todos estos años ¿ha visitado Rusia?

– No mucho. Las veces que he tenido la oportunidad de ir, me hace sentir muy bien. A Rusia no hay que explicarla, hay que sentirla. Y creo que he llegado a sentirla con profunda intensidad, por mis propias vivencias y por la rica literatura, leyendo a Tolstoi, Pushkin, Lermontov, Turgienev, Bulgakov…. Allí por supuesto me encuentro con mi hija y mis dos nietos Aliosha y Bárbara, con viejos amigos y en cada viaje regreso con nuevos. Entre brindis y brindis recordamos con nostalgia los viejos tiempos y como optimistas históricos que somos, nos gusta hablar de los posibles buenos que se avecinan. Me encanta a asistir a los espectáculos culturales particularmente el ballet y soy un ferviente admirador de las primeras bailarinas Svetlana Sakharova y Natalia Osipova.

Mi primera esposa Eugenia murió ya hace anos, visito su tumba, deposito las flores y me quedo meditando, recordando a esa mujer rusa que me dio tanto en mi vida y que siempre me mantuvo en su memoria con buenos pensamientos. Los viejos vecinos que aún permanecen en vida me visitan y recuerdan anécdotas del barrio en donde un ‘subbotnik’ sembré algunos árboles visibles desde la ventana que parecieran decirme, sabemos mucho de ti. Ese ha sido mi camino, que al decir del poeta Amado Nervo, por una vida que no me debe nada:  Vida estamos en paz.

Realmente no queríamos dejar este maravilloso hombre, ciudadano argentino-costarricense-ruso, pero el reloj marcaba las 11:00 de la noche. Así que tuvimos que decir adiós, pero con la esperanza de que nuestra reunión no será la última.